Reflexión:
Más que una condena general a la humanidad, la frase puede leerse como una llamada a la autocrítica: reconocer que todos podemos caer en pensamientos rígidos, prejuicios, decisiones impulsivas o rechazo a la evidencia. La educación, el diálogo y la humildad intelectual son antídotos contra esa “infinitud” de errores repetidos.
También invita a valorar la razón, la ciencia y la empatía como herramientas para construir sociedades más conscientes y menos propensas a daños innecesarios.










