Reflexión:
En la vida cotidiana, esta idea puede adaptarse de manera más equilibrada. No se trata de “matar” simbólicamente a nadie, sino de crear acuerdos claros:
Seguir cuando hay dirección y ejemplo.
Apoyar y motivar cuando alguien se detiene por cansancio o duda.
Evitar retrocesos que signifiquen abandonar principios, metas o el bienestar del grupo.
El verdadero liderazgo no es imponer, sino inspirar confianza, asumir responsabilidad y estar dispuesto a ser corregido o empujado cuando sea necesario.

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