Reflexión
Hay algo liberador en esta idea, si se piensa bien. Solemos vivir enfocados en lo que planeamos, en lo que pedimos deliberadamente, en las metas que nos trazamos con intención. Pero muchas de las cosas más significativas de la vida —una amistad que cambió tu rumbo, una oportunidad que apareció sin buscarla, una conversación casual que terminó siendo decisiva— llegaron sin que las hubiéramos pedido, porque ni siquiera sabíamos que existían como posibilidad.
Esto no quiere decir que planear no sirva, ni que haya que dejar todo al azar. Pero sí es un buen recordatorio de que la vida tiene más posibilidades de las que nuestra imaginación logra anticipar.
Vale la pena, de vez en cuando, soltar un poco el control y estar disponible para lo inesperado. No todo lo bueno en la vida llega porque lo planeamos; una buena parte llega porque estuvimos abiertos a recibirlo cuando apareció.
