viernes, 13 de marzo de 2015

La verdad que nos amarga

La verdad que nos amarga

Reflexión:

Hay una razón por la que la mentira que nos halaga se siente tan fácil de aceptar: no exige nada de nosotros. Basta con sonreír y seguir adelante. La verdad, en cambio, casi siempre llega acompañada de una incomodidad — nos obliga a mirar algo que preferíamos no ver, a admitir un error, a soltar una idea que nos gustaba sostener sobre nosotros mismos.

Por eso la aceptamos "gota a gota", como dice la frase. No porque sea imposible de tragar toda de una vez, sino porque cada gota exige un pequeño ajuste interno, y esos ajustes cuestan. Cuestan orgullo, cuestan certezas, a veces cuestan relaciones enteras que se sostenían sobre una versión más cómoda de la realidad.

Pero hay algo valioso en esa incomodidad: la mentira que nos adula nos deja exactamente donde estábamos, sin crecer. La verdad, por amarga que sea, es la única que realmente nos mueve de lugar. Nadie ha mejorado de verdad escuchando solo lo que quería oír.

La próxima vez que algo te resulte difícil de aceptar sobre ti mismo, sobre una relación, o sobre una decisión que tomaste, vale la pena preguntarse: ¿esto me incomoda porque es falso, o me incomoda precisamente porque es cierto? La respuesta casi siempre dice más de lo que parece.