La frase contrapone dos actitudes. Las excusas suelen justificar la inacción: falta de tiempo, miedo al error, cansancio, falta de recursos o espera del momento perfecto. Algunas de esas dificultades pueden ser reales, pero no deberían convertirse siempre en una razón para renunciar.
Un pequeño esfuerzo puede ser estudiar unos minutos, enviar un mensaje pendiente, ordenar una parte del espacio de trabajo, investigar una solución, practicar una habilidad o dar el primer paso de un proyecto. La acción, aunque sea limitada, crea movimiento.
