Reflexión
Hay una tendencia natural a evaluar los años como un todo — "fue un buen año" o "fue un año difícil" — como si tuviera que ser una sola cosa homogénea. Pero la realidad casi nunca funciona así. Incluso en los años más complicados, suelen existir momentos puntuales que valen la pena recordar por separado del resto.
Esta frase invita a hacer justamente eso: en vez de resumir un periodo entero con una sola etiqueta, buscar dentro de él los fragmentos que sí valieron la pena. Puede ser una persona que apareció en el momento justo, una conversación que cambió una perspectiva, un día ordinario que —sin razón aparente— se quedó grabado en la memoria.
Rescatar esos momentos no significa negar lo difícil que también hubo. Es, simplemente, no dejar que lo malo eclipse por completo lo bueno que también ocurrió.

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