Reflexión:
Vivir para los demás no significa abandonarse, permitir abusos ni olvidar las propias necesidades. La ayuda más sana nace de una persona que también cuida su bienestar, sus límites y su dignidad.
Una vida con propósito puede equilibrar ambas dimensiones: desarrollarnos como individuos y usar nuestras capacidades para mejorar, aunque sea un poco, la vida de otros. A veces, un gesto sencillo de generosidad tiene un alcance que nunca llegamos a ver.
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