Reflexión:
Decir “no sé” no disminuye a nadie. Al contrario, puede evitar errores, mejorar decisiones y abrir conversaciones más honestas. En el estudio, el trabajo y las relaciones, las preguntas bien planteadas suelen aportar más que una respuesta apresurada.
La sabiduría no exige vivir en duda permanente ni renunciar a las propias convicciones. Consiste en defender las ideas con honestidad, pero mantener la mente abierta ante la evidencia, la experiencia y el conocimiento de los demás.
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