Significado:
La frase, atribuida a William Shakespeare (Hamlet), revela una verdad incómoda: la calumnia (el hablar mal de otros, la difamación, el juicio injusto) no respeta la inocencia ni la virtud. Por más que vivas con integridad, pureza y honestidad, siempre habrá quien dude de ti, invente historias o hable mal.
No se trata de ser paranoico, sino de aceptar que no puedes controlar lo que otros dicen, solo cómo respondes. La calumnia suele nacer de la envidia, el miedo o la proyección de los propios defectos.





