Reflexión:
El amor puede ser el inicio de una conexión, pero no reemplaza la comunicación, el respeto, la responsabilidad afectiva ni el esfuerzo mutuo. Para que dos personas de “islas distintas” permanezcan juntas, ambas deben querer acercarse y construir formas seguras de hacerlo.
No siempre se puede salvar una relación solo con sentimientos. A veces, amar también implica reconocer cuándo el puente no se está construyendo entre los dos. El vínculo más sano no es el que obliga a una persona a nadar sola contra la tormenta, sino el que permite a ambos avanzar, con cuidado y reciprocidad, hacia un lugar común.
