Reflexión:
Aceptar las consecuencias no significa culparse por todo lo malo que sucede. Hay pérdidas, injusticias, enfermedades y problemas sociales que no son castigos ni responsabilidad de quien los padece.
La enseñanza está en distinguir lo que no controlamos de aquello sobre lo que sí podemos influir. Cuando reconocemos nuestra parte, podemos aprender de los errores, reparar daños cuando sea posible y tomar decisiones más conscientes en adelante. La responsabilidad no es una carga para castigarnos: es una herramienta para recuperar capacidad de acción.
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